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En estos días, leyendo algunos artículos en el periódico me percaté de algo interesante. Había un artículo que hablaba acerca de “cómo dejar a la pareja” y otro que señalaba “cómo reconocer que él te va a dejar”.
Me resultó sorprendente porque hace algunos años atrás la mayoría de los artículos o libros iban dirigidos a “10 formas de ser feliz” o “5 pasos para un matrimonio exitoso”. A lo que me refiero es a que el esfuerzo iba dirigido a la prevalencia de la relación y no lo opuesto. El ser humano tiene la tendencia de evitar lo que hace daño. Pero más recientemente la conducta de evitación ha ido en grado superlativo a “mientras menos me moleste mejor”. Esto implica que todo lo que moleste “se hecha a un lado y con eso se resuelve el asunto”. A lo largo de la vida tendremos más personas solas, intolerantes al estrés o la tensión del día a día e hipervigilantes de quienes se acerquen porque su vida la han llevado “lejos de la relación cercana o íntima con otros para evitar ser infelices”. Habiendo dicho esto, me resultó interesante un artículo que hablaba sobre los secretos de un matrimonio feliz y sólido. Decidí leerlo y buscar los secretos que allí se explicaban. A continuación algunos de estos: • Pasar un tiempo juntos (solos) (cantidad y calidad de tiempo) • Celebrar los logros del/a otr@ • Mantener el romance (la llama del amor y la pasión) • Compromiso del uno con el otro (el secreto mayor) Luego de haber leído esto me pregunté ¿verdaderamente los matrimonios desconocerán esto? Llegué a la siguiente conclusión, no es falta de conocimiento es la resistencia a entender que estas son partes básicas que deben ser trabajadas en una relación. Que cuando se menciona la importancia de la comunicación, del respeto o de la confianza, se entienda porqué y para qué se trabaja y se refuerza con tanta insistencia. Entendí que las energías están canalizadas hacia donde la pareja, dónde falla para señalarlo, qué hacen otr@s personas mejor que mi espos@ para compararlo. Las energías no están en resaltar las cualidades de la pareja, en validar sus sentimientos y necesidades. Se ha confundido lo que es ser sabio en Dios y no en uno mismo. Entonces entendí porqué las personas llegan a terapia y nos preguntan si se casaron con la persona equivocada o qué hacen para que cambie. Aquí tenemos que tener mucho cuidado. Son muchas las personas incluyendo consejeros y terapeutas los que podrán decir “Si las cosas te van mal, te casaste con la persona equivocada”. El Dr. Harley, psicólogo licenciado y autor del libro “Las necesidades de él y de ella: levantando matrimonios a prueba de infidelidad”, mencionaba lo frustrado que había vivido tratando de ayudar a parejas en el proceso de consejería y no viendo mayores resultados. Decía que tanto él como sus colegas de la clínica, no encontraban cómo enfrentar los problemas que las parejas traían y sentirse efectivos y ver a los matrimonios emerger de sus crisis. Este mencionó lo siguiente: “No es terapia lo que necesita la gente, es ser educada sobre su situación y querer aceptar su responsabilidad”. Añadió que los matrimonios tienen que ser cuidadosos en sus expectativas sobre estos procesos y tener la receptividad al momento de escuchar la opinión de ese recurso. En mi experiencia puedo concluir lo siguiente y espero lo tomen como recomendación: • Los matrimonios tienen que entender que su compromiso es con Dios, con ellos y con su pareja, en ese mismo orden. Mt. 6:33. • El testimonio es en todo tiempo y todo lugar. • Los matrimonios tienen que buscar consejería en el lugar adecuado. El proceso de terapia puede ser muy beneficioso pero también perjudicial si no se identifica el recurso adecuado. El Dr. Harley identificó entre sus parejas, que el 80% de las que había buscado ayuda anteriormente habían sido más dañados que ayudados. • La terapia es para identificar lo que no funciona y ponerlo a funcionar. Cuando un carro se daña, no importa quien fuera el chofer, es el carro el que va al mecánico no el chofer. Si la relación se esvieló, no es cambiar al/la espos@, es construir de cero. No es cambiar a la pareja es modificarme yo y contribuir a arreglar lo que debe arreglarse. • Es bien fácil decir “mi pareja está defectuosa, hay que cambiarla”. Si así fuera la mayoría de las personas viviría en el taller de reparaciones y no en el hogar. • Dios es quien arregla y ordena las situaciones. Nosotros somos instrumento en sus manos. Si se deja dirigir por Dios, podrá ver en su pareja todo el potencial que tiene y no solamente lo que no tiene. • No hay recetas o secretos específicos para ser feliz o dejar de ser infeliz. Hay procesos de crecimiento, aprendizaje y madurez que todos, sin disti
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