Caminando por convicción y no por emoción PDF Imprimir E-Mail

 Hoy día es común escuchar a personas decir “No tengo suerte”, “Estoy salá/ao”, “El matrimonio no es para mí”, “Todo me va mal”, “No saco los pies del plato”.  Estas mismas actitudes llevan a las personas a compararse con otros que, desde su punto de vista, les va mejor.  La pregunta de muchas es ¿y por qué a mí no me va bien? La respuesta: ¿Caminas por emoción o por convicción?

¿Qué es convicción? Viene de convencido o convencer. Cuando alguien camina por convicción significa que confía, que no tiene dudas o ambivalencia, su paso es firme y no se deja mover por cosas superficiales.
¿Qué es emoción? La emoción o emotividad es actuar o responder conforme a como al sentimiento, a sensaciones. Cuando alguien se siente triste, su hablar, caminar y hasta la postura gira en torno a esa emoción.
 Cuando se llega al matrimonio, la visión o expectativa de relaciones perfectas hace que muchos tengan expectativas irreales.  Esto los lleva a tener una visión incorrecta y al llegar posibles desacuerdos o conflictos la negación puede más. “No eso no es nada” o “nosotros somos el uno para el otro, nunca tenemos problemas” o simplemente se resisten a enfrentar dichos problemas o desacuerdos y es entonces cuando la crisis se desata.  Ahí comienzan reclamos como “esto no era lo que yo pensaba” o “tú no eras así has cambiado”. En realidad esto es caminar por emoción. Nos mueve o nos motiva las cosas que dan maripositas en el estómago. Pero cuando las cosas se ponen más serias, entonces se pretende salir corriendo. La toma de decisiones es impulsiva y no pensada con responsabilidad. Aquí comúnmente oímos las frases “Me tienes cansad@”, "No sé por qué me casé contigo”, “Mis padres (o incluso el pastor, cura, etc.) tienen razón, te tengo que dejar”, “Ya tengo el abogado así que firma los papeles”.  Estas frases y decisiones son sin haber pensado de forma racional, sin dialogar con la pareja y haber buscado ayuda profesional para poder arreglar la situación.  No se ha reconocido que la emoción, el cuento de final feliz, pudo más que pensar y actuar con madurez y responsabilidad. Esta conducta se hace costumbre y se convierte en un patrón. ¡Esto es caminar por emoción!
 Por el contrario, cuando en un matrimonio ves que las personas fortalecen cada día su comunicación, hablan un mismo idioma, entienden lo que es un matrimonio saludable, fomentan la confianza, han cortado el cordón umbilical con los padres y han sabido trabajar los momentos de desacuerdos de una forma racional y con respeto, entonces estamos viendo un matrimonio que camina por convicción.  Están convencidos de que tomaron la decisión correcta y que estaban dispuestos a caminar por el camino del matrimonio “hasta que la muerte les separe”. Reconocen primeramente que Dios fue quien los unió con el propósito de “ser uno en EL” (Gn 2:24)”. Señales de un matrimonio que camina por convicción:
1. Reconocen que son compañeros de  equipo y como tal deben trabajar y apoyarse. 
2. Tienen la madurez para aceptar opiniones de su pareja y cuidan de que la relación no se afecte por cosas externas como el trabajo, amistades, familiares, cargos en la iglesia, entre otros.
3. Se basan en el Principio Mateo 6:33 ya que esto hace que la relación se fortalezca cada día para poder así cumplir con el compromiso “hasta que la muerte nos separe”.

 
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